Si yo fuera Dios, no daría pie al proyecto de la Creación; Ágatha pensaba en esto mientras recordaba y organizaba lo ocurrido segundos antes, cuando una profesional la humilló e hizo que tuviera una crisis sicótica...
Se decía, si yo fuera Dios no permitería que las personas sean humilladas solo por dar su punto de vista, desaparecería a aquellos que se aprovechan del poder... decía esto con lágrimas en sus ojos, cuales cristales remojados por la lluvia.
La guerra la desaparecería matando a todos los que piensan en ella con un rayo fulminante. Luego quiso recordar con detalle las voces que habitan en sus mente y escuchó nuevamente la voz de la sicopata que le decía: mátalos, que todos mueran y luego mátate tú, convierte esto en un lago de sangre. Se acercó demonio y le dijo: no sirves, tu opinión no vale... en ti no se vale soñar. Decepcionada salió de aquel lugar con deseos de acabar con su vida.
Quizá había dicho que es más fácil morir y la verdad es que si, morir es para los cobardes que no tienen las agallas para continuar con su vida, pero incluso a ella le faltaba valor, para tomar una decisión así, no era ni cobarde, ni valiente; pues se dio cuenta que estaba muerta en vida, no podía seguir viviendo; pero tampoco quería morir; porque creía en la vida después de la muerte, seguiré existiendo, decía.
Y es que el hombre es tanto dolor como alegría, muerte como vida; ¿por qué muerte? Porque es capaz de matar a otros y vida, porque es capaz de levantar a otros del abismo. La profesora la había matado; pero su sicológa le había devuelto la esperanza de vivir.
Este mundo es cruel pero todavía hay personas vitaminas. No podemos ser Dios por la coscupicencia pero podemos buscar la metanoina, la santida, el camino, la verdad y la vida... Recordó que no había orado a Jesús y se había olvidado de la Madre y despertó.
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